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“Alito”, en la campaña de Marco

Quizá el miedo a que lo metan a la cárcel por los fantasmas de corrupción que lo persiguen desde que dejó en ruinas a su estado de Campeche, el estado que gobernó, sea una de las razones por las que Alejandro Moreno, “Alito” —qué horror decirle así—, se pasea tan campante por todo el país. Y mientras él disfruta de una ofensiva impunidad, en su estado hoy se usufructúa a más no poder el poder, una vergüenza vestida de mujer que, no solo vestida, sino enjoyada y enriquecida, aparte hace gala de una prepotencia burlona contra la libertad de expresión. ¡Pobre estado!
Los temores del político campechano son que lo recluyan en prisión por mucho tiempo si le aplican la ley como debe ser, según los señalamientos que desde que dejó el cargo se le han hecho por presunto desvío de millonarios recursos públicos. Incluso existe una solicitud de orden de aprehensión en su contra de parte de integrantes de la Cámara Baja. Por eso es que hoy Alejandro Moreno se pasea tan campante por todo el país, con tan ofensiva impunidad, sabiéndose arropado por las siglas de un partido político que fue el más fuerte durante muchas décadas: el PRI, del que ahora es dirigente nacional.
Este individuo, cuya sola estampa y forma de hablar retrata lo que es: un auténtico malandrín sin vergüenza, corrupto, con facha de pandillero de barrio bajo, no debiera tener cabida en Chihuahua y mucho menos meter sus manos sucias en un proceso tan relevante como lo será, sin lugar a dudas, la campaña política de quien es ya candidato del Partido Acción Nacional a la gubernatura del estado: Marco Bonilla Mendoza.
Marco Bonilla no debiera aceptar una alianza que no gustará a sus seguidores, y no tanto por lo desprestigiado que esté el PRI ahora, sino por el arribista, perverso y corrupto “líder” que ahora lo aprovecha para arroparse legalmente. Porque, si no fuera por el partido que ahora lo tiene de líder, quizá ya le hubieran echado el guante, con lo vengativa que es la presidenta del país. Aunque quién sabe si hasta le convenga, pues es de la misma pandilla de ellos, nomás que de otro bando.
Esto significaría manchar toda una estrategia que tan bien calculada y limpia ha ido construyendo el alcalde Bonilla, esperando el momento de dar el arranque, que ya está encima, a lo que será la campaña del mejor presidente municipal del país, según revistas especializadas en los alcaldes de México, y echarla a andar en cuanto la ley lo permita y dé el banderazo.
Mire, amigo lector, si es cierto que el PRI ha recuperado algo de su antigua clientela aquí, es por Maru Campos, quien antes de ser panista es gobernadora de todos los chihuahuenses. Y eso el pueblo lo ve y lo comprueba en su desempeño como mandataria: ha sabido llegar a todos los estratos de la sociedad, sin distinción, llevando apoyo a todos.
Es por eso que los estrategas que rodean al alcalde Bonilla consideran que hay que aprovechar esa bolsa de simpatizantes tricolores atraídos por un gobierno estatal consciente y humanitario, a favor del aspirante blanquiazul. Pero, ¡aguas! La población ya lo tiene calculado, porque los priistas de ahora se acercan al más atractivo de los aspirantes blanquiazules por voluntad propia y estarán ahí por convicción, porque quieren participar.
Además, están dirigidos y bien organizados localmente por Alejandro Domínguez, rodeado por un grupo de líderes de peso que defienden las causas de la justicia social con todo. Pero una alianza con el mencionado líneas atrás, el “finta de cholo”, que por su parte ya se da por aliado él mismo, puede cambiar los ánimos de la gente y perjudicar en lugar de ayudar.
