Chihuahua, México
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Adiós al “a Dios”

Ilustración
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De entre otros modelos del habla y de la escritura, contiene a Sor Juana y esta vez a uno de sus obras menos conocidas, La segunda Celestina.

Tal vez no haya que investigar mucho para saber cuándo se desprendió de nuestra lengua esta costumbre de despedirse con un a Dios de dos vocablos, cuando el dicho se desplazó al Dios que se puede encontrar en la literatura española de siglos pasados.

Me puse a pisear ejemplos del uso de la despedida o Dios constituida de dos términos. Como conviene haber siempre, me indujeron cuestiones de nuestra lengua fui primero a Cervantes y su Quijote. Claro, después fui a Sor Juana.

Cuando don Quijote cree haber salvado al pastor Andrésillo de los maltratos que le asesta su amo, se despide con la expresión de preposición y sustantivo diciendo: “a Dios quedad”. Más adelante don Quijote dicta una carta para Dulcinea, después de unos párrafos chuscos a Sancho ordena: “Pero venga la carta y a Dios,” En otra parte, un barbero se divierte inventando profecías para Don Quijote y Sancho, y dice al despedirse: “[...] a Dios quedad; que yo me vuelvo [...]”.

Son muchas las veces en que el Quijote, como despedida, lleva la expresión de dos términos. El caballero y su escudero protagonistas se encuentran con un arriero. Don Quijote le pide detenerse y el arriero le dice: “en lo forzoso no detenerme, y a Dios”. Al zafio, en otras obras de Cervantes encontré la despedida a Dios en la novela La ilustre fregona y en las comedias El gallardo español y Los baños de Argel.

De entre otros modelos del habla y de la escritura, conviene ir a Sor Juana y esta vez a una de sus obras menos conocidas, La segunda Celestina. Como coautora escribió o aceptó que se escribiera, al despedirse, el a Dios. Sucede muchas veces pero escojo tres ejemplos:

Don Juan necesita que Celestina le ayude a conquistar una dama. La alcahueta le dice que después, porque debe salir, “y a Dios, porque allá me aguardan”. Tras darle unas monedas, Don Juan le dice: “A Dios”; y Celestina repite: “A Dios”. En la poesía lírica de Sor Juana se encuentra a Dios alrededor de 30 veces.

Otro mexicano, Juan Ruiz de Alarcón, en su comedia La verdad sospechosa, escribe tratándose a muchos a Dios. Anoto sólo un ejemplo. Don García trata de conquistar a Jacinta y le dice: ¿Qué he alcanzado de vos, el corazón que os he dado? Jacinta: El haberos quedado. García: Yo lo estimo. Jacinta: A Dios. García: A Dios.

El genio de la literatura española, Lope de Vega, también proporciona ejemplos de la despedida que se articulaba con preposición y sustantivo. En El perro del hortelano, Marcela corta su relación con Teodoro: Y quédate a Dios que ya me cansa el hablar contigo. En otra comedia, La viuda valenciana, Camilo acudirá a una cita con la viuda Leonarda, para ello, Urbán debe avisarlo a la viuda y se despide del galán: Ella estará prevenida / a Dios.

Pero vayamos a una tragedia bellamente intensa, El bastardo Mudarra. Allí, el personaje llamado Lope irá a ver a Gonzalo, con cuya amada ha estado conversando y para despedirse le dice “quédate a Dios”. Más adelante Gonzalo debe ir a combatir y se despide de Constanza: Quédate a Dios, y de mí te acuerda.

En la comedia lopesca El castigo sin venganza, Ricardo se despide de Batín porque lo espera Fabia: “Pues Batín, a Dios”. En una comedia que veo con frecuencia en la pantalla, El villano en su rincón, Lisarda se despide de Otón: “Y quedaos con Dios”. Otón corresponde: “A Dios”.

Y en la comedia que trata de un fanfarrón, El caballero del milagro, se encuentran los siguientes parlamentos que dejé al final para aturdirnos con el español arcaico. El fanfarrón Luzmán le dice a su enamorada Octavia: Quédate a Dios, que en tu vida / te pienso volver a ver. Más adelante, Filiberto pregunta: ¿Somos amigos? Beatriz: Seremos, a Dios [...]. Leonato concluye: A Dios.

Nosotros usamos el adiós de los dos términos aglutinados, no el desdoblado “a Dios”, ni el castizo “a Dios quedad”, ni un tosco, “quédate, a Dios”.